INTRODUCCIÓN NECESARIA
En los portátiles modernos de grandes marcas, Windows se instala casi siempre en modo UEFI, sobre un único disco interno (generalmente SSD NVMe). Este modo de arranque es diferente del antiguo BIOS y condiciona directamente la instalación de Linux.
Personalmente, mi posición y la que aconsejo para personas que adquieren ya más experiencia, y no dependen de Microsoft Windows, es desechar UEFI y retornar a BIOS, mientras sea posible. Siempre que el hardware lo permita, desactivar UEFI/usar modo BIOS facilita mucho el arranque dual.
Se pueden copiar sin problema los datos de Linux desde una instalación UEFI a un sistema en MBR. En Windows, el sistema no es reutilizable y la reinstalación suele ser la única opción viable (hablo del sistema, no de los datos personales, que solo se copian).
1- ¿Qué es UEFI y a quién le importa?
UEFI es el sistema de arranque que ha sustituido al BIOS clásico en los equipos modernos. Su adopción no responde tanto a ventajas reales para el usuario, sino a una decisión impuesta por los fabricantes y por Microsoft en los sistemas actuales.
Aunque UEFI ofrece una interfaz gráfica más moderna y visualmente más atractiva, en la práctica resulta menos intuitiva y más confusa que el BIOS tradicional. No existe una normalización real de su interfaz: cada fabricante organiza los menús a su manera, utiliza denominaciones diferentes y oculta opciones clave en ubicaciones distintas.
UEFI no aporta mejoras perceptibles de rendimiento, no es más estable que un BIOS bien configurado. Añade complejidad innecesaria en configuraciones con varios sistemas operativos.
UEFI es importante no por lo que mejora, sino porque Windows se instala obligatoriamente en este modo en los equipos modernos, y Linux debe adaptarse a él para poder arrancar correctamente y convivir con Windows.
2- La partición EFI (ESP), un punto crítico
Si la partición EFI se borra o se corrompe, el sistema deja de arrancar. Además, su formato FAT32, heredado y poco robusto, la hace más frágil que el BIOS clásico, que estaba grabado en un chip físico independiente del disco.El error peligroso y frecuente, es crear una nueva partición EFI o intentar instalar GRUB fuera de la ESP existente. Provoca la desaparición del menú de arranque, y por ende su imposibilidad sin medios externos.
También hay que matizar que Linux es totalmente independiente en su partición, si se borra el MBR (en modo BIOS) o la partición ESP (modo UEFI), siempre se podrá iniciar sin reinstalación, vía una utilidad en un USB externo. De hecho se puede iniciar Linux, de manera segura, a través de un USB dedicado.
Windows en modo BIOS, siempre se podrá reparar (si su partición está integra, igual que Linux), e iniciar por un USB igualmente. Pero en modo UEFI, si la partición ESP es destruida, no se puede recuperar el sistema.
En Linux, un usuario con conocimientos básicos puede reconstruir el entorno de arranque desde un USB estándar de la distribución, ya que las herramientas necesarias están disponibles y documentadas.
En Windows, aunque el USB oficial de instalación contiene los binarios EFI, no ofrece opciones estándar ni guiadas para reconstruir manualmente la partición ESP. La recuperación requiere procedimientos no documentados para el usuario normal y no está garantizada.
Conclusión:
La incompatibilidad BIOS / UEFI obliga a elegir uno u otro. Linux es perfectamente compatible con ambos modos. Windows 10 también lo era sin restricciones. Windows 11 todavía puede instalarse en BIOS en muchos dispositivos, pero Microsoft niega soporte y continuidad. De momento.
3- Secure Boot
Secure Boot forma parte del entorno UEFI y su comportamiento depende de la distribución Linux utilizada. En algunos casos es compatible, pero en otros bloquea directamente el arranque del sistema, incluso cuando la instalación se ha realizado correctamente.
Cuando el instalador falla o el sistema no arranca tras la instalación, la solución práctica consiste en desactivar Secure Boot en la configuración UEFI y, si es necesario, reinstalar o ajustar GRUB. No se trata de un fallo de Linux, sino de una política de seguridad impuesta por el firmware.
4. Orden de arranque y desaparición del GRUB de Linux
En UEFI, el firmware mantiene una lista de entradas de arranque.
Aparece un problema bastante corriente:
Tras una actualización de Windows, o sin ello, el firmware vuelve a poner Windows Boot Manager como opción prioritaria. Linux parece haber desaparecido, pero sigue instalado.
Para resolverlo, hay que entrar en la configuración UEFI al inicio del PC y volver a posicionar GRUB como prioridad. A menudo hay que investigar bastante en las opciones para encontrar la forma correcta de hacerlo.
En portátiles, a veces es necesario aplicar varias veces la nueva configuración para que sea tomada en cuenta. Por experiencia personal, cambios como pasar de UEFI a BIOS no siempre se aplican tras un solo reinicio. En ocasiones es necesario modificar otro parámetro (por ejemplo, el orden de arranque de dispositivos) para forzar la validación de los cambios.
Esto puede dar la impresión de una limitación técnica, cuando en realidad se trata de un firmware poco predecible. Conviene tenerlo en cuenta antes de desistir
Conclusión
UEFI no impide la instalación de Linux junto a Windows, pero exige respetar reglas precisas y a veces aleatorias. Obliga a reutilizar la partición EFI existente y a mantener coherencia entre los sistemas instalados.
Entender UEFI evita la mayoría de los problemas de arranque, sobre todo en portátiles modernos. Se ha de tener paciencia y tomarse el tiempo necesario al realizar estos cambios.
Se ha de tener paciencia y tomar su tiempo, cuando se opera estos cambios. Puede y tendría que funcionar al primer intento, pero no siempre es así.
También tengo que decir que no todos los instaladores gráficos de distribuciones Linux, tienen la misma capacidad de gestionarlo, en modo terminal, las opciones son muco más profundas, pero requieren conocimiento.
Por esto he estado probando varias, y la que ha salido ganadora ha sido MX-Linux, por su eficiencia a gestionar el tema. Si se sigue la pautas con cuidado, es difícil que falle el proceso, y se pueda tener Linux y Windows 11, en inicio dual, al primer intento.
Tengo que agregar que los fabricantes de hardware, y desarrolladores de software tienen en cuenta Windows, por delante de Linux, debido a sus consideraciones comerciales. Pero esto, está cambiando paulatinamente, con el crecimiento de uso de Linux, lento pero imparable.
Sin duda, terminará por imponerse, pero no sé si será tan beneficioso. Todo se termina por corromper debido al abuso comercial y el consumismo.
La gran pregunta:
¿Por qué Microsoft no evoluciona en una dirección que no le perjudique? Porque realmente UEFI perjudica técnicamente menos a Linux que a ellos mismos.
La inercia técnica de Microsoft y la falsa promesa de la innovación
Durante años, Microsoft se ha presentado como una empresa innovadora, asociando la innovación a interfaces modernas, servicios integrados y nuevas capas de abstracción. Sin embargo, cuando se observa la arquitectura profunda de sus sistemas, especialmente en aspectos críticos como el arranque, aparece una realidad distinta: una inercia técnica fuerte, marcada por la acumulación histórica y por un diseño monolítico difícil de hacer evolucionar.
El arranque de Windows en sistemas modernos es un buen ejemplo. Bajo UEFI, el proceso depende de una cadena compleja que combina firmware, partición EFI, binarios específicos, base de datos BCD y herramientas de recuperación. Cada una de estas capas existe para preservar compatibilidades pasadas y evitar rupturas, pero el resultado es un sistema frágil, poco tolerante a cambios y difícil de reconstruir cuando algo falla. No es un diseño orientado a la recuperación, sino a la continuidad forzada.
Desde un punto de vista estrictamente técnico, esta complejidad no es inevitable. Existen modelos mucho más robustos, como el de GRUB en el ecosistema Linux, que demuestran que un cargador de arranque puede ser modular, reinstalable y tolerante al fallo. GRUB no depende de bases de datos opacas ni de estructuras rígidas. Puede reinstalarse sobre una partición EFI vacía, regenerar su entorno de arranque y devolver el control al sistema sin reinstalación completa. Esa capacidad no es accidental, es una decisión de diseño.
Lo más interesante es que esta diferencia no se debe a que Windows sea un sistema cerrado y Linux abierto. Incluso manteniendo un código propietario, Microsoft podría haber implementado un gestor de arranque más simple y robusto, equivalente a un “GRUB para Windows”, limitado a su propio sistema y firmado según sus políticas de seguridad. Técnicamente, sería más eficiente, más fiable y más fácil de recuperar que el modelo actual basado en BCD. El obstáculo no es técnico, sino estructural.
La razón profunda es la inercia arquitectónica. Windows arrastra décadas de compatibilidad, herramientas heredadas y automatismos industriales que hacen muy costoso cualquier cambio profundo. Cada capa nueva se añade sobre la anterior, sin replantear el conjunto. El resultado es un sistema que parece moderno en la superficie, pero que internamente se comporta como un bloque difícil de reparar cuando una pieza crítica falla.
El software libre, en cambio, no innova por acumulación, sino por recomposición. Linux no teme reinstalar su cargador, regenerar su entorno de arranque o separar claramente kernel, bootloader y sistema de archivos. Esa modularidad no es un lujo ideológico, es una ventaja técnica fundamental. Permite que un sistema se recupere, se adapte y sobreviva al cambio de hardware, de disco o de configuración.
La paradoja es clara: Microsoft dispone de los medios, del talento y de los recursos para diseñar arquitecturas más simples y robustas, pero su propio peso histórico se lo impide. Mientras tanto, el código libre, sin marketing de innovación, sigue resolviendo problemas reales con soluciones más elegantes y duraderas.
Innovar no es añadir capas ni complejidad visual. Innovar es diseñar sistemas que se entienden, se reparan y resisten el tiempo. En ese terreno, la supuesta modernidad de Windows revela sus límites, y la sobriedad técnica del software libre muestra su verdadera potencia.